HUMOR ALTERNANTE

  La Tercera Revolución de la Psiquiatría, es lo que se conoce con el nombre de "Humor Alternante". Se ha comprobado que este Humor Alternante puede ser tratado con el consumo de litio, presente en la naturaleza en forma de carbonato de litio. El siguiente contenido fue extraído de la obra literaria denominada "Humor Alternante: La tercera revolución en Psiquiatría" del autor Dr. Ronald R. Fieve.

 

   La depresión es el problema psiquiátrico más común en la gente, y provoca más angustia y sufrimiento que cualquier otra enfermedad física o mental. Fases de profunda depresión y excitación del humor están descritas en el Antiguo Testamento y fueron acotadas por los griegos y romanos. Filósofos, historiadores, poetas y novelistas han terminado por aceptar la depresión mental, que se repite a intervalos, como formando parte de la condición humana, que pasa de inexplicables momentos de miseria o alegría a prolongados períodos de grandísima dependencia o excitación que indican serios desarreglos mentales. Los desórdenes del humor han sido mal diagnosticados a través de los siglos, y su tratamiento resultó infructuoso hasta hace poco tiempo. Los que no llevaban al suicidio quedaban como incontrolables incluso cuando los pacientes estaban al cuidado de expertos.

   El carbonato de litio es un simple polvo blanco que se encuentra en aguas y rocas como mineral, una sal similar a la de mesa, y que puede ser administrado a los pacientes maníacos excitados por vía oral y en forma de cápsulas. Y de acuerdo con los informes de su descubridor australiano, John F. Cade, puede calmar la excitación maníaca en un lapso de 5 a 10 días.

   Estudios actuales indican que la depresión maníaca y el alcoholismo van de la mano y pueden ser genéticamente correlacionados con el mismo tronco familiar. Además, con el paso de los años es más frecuente el empleo del alcohol, la marihuana, las anfetaminas y las píldoras para dormir en gente deprimida que procura autotratar  sus desórdenes del humor. Pero, en vez de sanar la depresión, esas drogas la empeoran y agregan el peligroso problema del alcoholismo y de la dependencia de drogas.

   Nada podía arrastrar a estos maníacodepresivos carismáticos al tratamiento de su estado cuando estaban excitados y rendían mucho. Aquellos con talento creador parecían producir más y crear más durante su excitación, pero en los momentos de depresión la carga de sus dotes literarias o artísticas, o sus éxitos en los negocios, los obligaban a tomar vacaciones o internarse en hospitales.

   Como una montaña rusa, su carrera reflejaba los altibajos del humor maníacodepresivo. Gravitaban alrededor de lo alto de las organizaciones, si la falta de tacto con sus colegas no saboteaba sus progresos en la jerarquía.

   Entre sus fases depresivas, estos pacientes eran extremadamente efectivos en sus actividades. Únicamente cuando alguno de ellos era poco juicioso en sus períodos de humor excitado, resultaba claro que se trataba de un caso típico de depresión maníaca. Pero en las formas menos intensas de manía -tanto las hipomanías reconocibles como las encubiertas- su conducta parecía en muchos casos normal y extremadamente adaptativa. La cuestión giraba en torno a si no era tan malo ser un maníacodepresivo leve si se podía realizar tanto. Estas alternancias moderadas del humor, que no permitían ir muy lejos, capacitaron a muchos pacientes para ser agresivos y dinámicos entre sus depresiones. En una sociedad de agresivos como es la ciudad de Nueva York, esas individualidades alcanzaban generalmente la cumbre. En pocas palabras, fueron tradicionalmente vistos por la familia, amigos y médicos, como individuos normales con períodos recurrentes de humor deprimido, sin que resultara evidente que se trataba de casos leves de locura maníacodepresiva. Se observó que su excitación moderada representaba a menudo un capital y no un daño como implica siempre el diagnóstico de "manía" o "hipomanía". No se pudo encontrar un marbete psiquiátrico para su estado "hipomaníaco efectivo", que indicara su aspecto positivo y adaptativo. No obstante, el concepto de hipercompetencia debido a una excitación moderada estaba bien precisado en la literatura psiquiátrica.

   Con el correr de los años, la experiencia en el tratamiento con litio de los estados maníacodepresivos moderados y graves, y de los pacientes con depresión recurrente, ha dado a entender de que el litio, además de normalizar el estado maníaco, también previene o reprime algunas futuras recaídas en las depresiones maníaca o recurrente. El litio es el primer agente verdaderamente profiláctico en psiquiatría para controlar, prevenir o estabilizar el curso futuro en caso de enfermedad mental grave.

   La primera revolución en psiquiatría comenzó en 1791, con la actuación de Philippe Pinel. Como psiquiatra jefe y neurólogo del Hospital de la Salpetriere, en París, reformó el tratamiento de la enfermedad mental con la introducción de principios liberales en la organización y administración de hospitales para dementes. Por primera vez en la historia, con los esfuerzos de Pinel el hospital se convirtió en el principal instrumento terapéutico para ayudar a los pacientes mentales. Pinel rechazó el empleo de cadenas y golpes como métodos para el tratamiento de las enfermedades mentales, medidas que habían sido generosamente empleadas desde la época de los romanos. Sangrías y zambullidas repentinas en agua helada eran delirios de los médicos mucho más graves que los delirios de los pacientes, y sobre todo los pacientes maníacos excitados eran sometidos a esos tratamientos hasta que acaecieron los cambios revolucionarios propiciados por Pinel. El enfoque humano de Pinel y sus teorías sobre cómo llevar un manicomio son todavía válidos en los centros contemporáneos de salud mental. Su primera contribución fue cambiar la actitud de la sociedad con los perturbados, de manera que fueran considerados como seres humanos que requerían tratamiento médico. Aseguraba que era imposible determinar qué síntomas eran resultado de la enfermedad mental o de  los efectos de las cadenas sobre los pacientes.

   Nuestro cuerpo nos falla y todo está correcto; nuestra mente nos falla y es algo impublicable. Éste es el auténtico estigma social y no sólo el de los políticos. Cualquiera que tenga en su pasado una hospitalización psiquiátrica, probablemente va a afrontar cantidad de sutiles condescendencias por el resto de su vida.

   La terapéutica psicoanalítica se centraba en los sueños y el paciente era persuadido para adoptar este modelo teórico: Si realmente usted puede exteriorizar su irritación contra una persona, la depresión simplemente desaparece.

 



Fecha de creación: 2 de Octubre de 2010.

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